jueves, abril 24, 2003

El Regidor (1ª. Parte)


El Diario de Coahuila, 24 de abril 2003

El presidencialismo, ya sea por factores políticos, sociales y culturales, o por otros más, se encuentra hoy en día principalmente arraigado en el orden de gobierno municipal. Es aquí donde esta práctica continúa encontrando tierra fértil, gracias al sistema electoral municipal y a otras leyes vinculadas estrechamente  con el municipio. Desafortunadamente no se vislumbra el final de esta práctica en el orden de gobierno municipal, cosa en el orden de gobierno federal y estatal tiene signos de derrumbarse.

Es en la figura del titular del ejecutivo municipal donde la concentración del poder se acentúa ya que además de las funciones propias del cargo (ejecutar y administrar) también posee funciones de legislar al formar parte del Cabildo.

Para hacer un comparativo con el orden de gobierno federal en relación con el párrafo anterior, leamos el acertado ejemplo que señala Alfredo Rodríguez Banda en su documento División de Poderes en el Gobierno Municipal: “Es tan grave tal concentración del poder, que si ocurriera lo mismo a nivel federal, sería tanto como si el Presidente de la República convocara a las sesiones de la Cámara de Diputados, presidiera las sesiones del pleno, encabezara a la fracción parlamentaria mayoritaria y además pudiera presidir las comisiones legislativas de Gobernación, Seguridad Pública y Prensa, así como ser miembro activo de otras múltiples comisiones”.

Sin duda alguna, es un claro ejemplo que ilustra claramente las preocupantes atribuciones y facultades que poseen los presidentes municipales, al desarrollar sus funciones dentro de un sistema electoral semi-parlamentario que no aprovecha las ventajas que ofrece este tipo de gobierno debido a la forma de elección de cada uno de los integrantes del Ayuntamiento.
La realidad muestra, señala también Rodríguez Banda, que los municipios, no ejercen la tradición republicana de la división y el equilibrio de poderes, por el contrario, la Ley Orgánica Municipal y el Reglamento Orgánico permiten al Presidente Municipal ser representante político del municipio, ser jefe o titular de la administración pública y al mismo tiempo, presidente o líder del Cabildo. ¡Cuántas funciones para un Presidente Municipal¡, no lo cree usted.

En otras palabras, el Presidente Municipal puede ser juez y parte en todas y cada una de las decisiones que se toman en las sesiones de Cabildo, función que se da con más frecuencia en los municipios pequeños dada la escasa presencia de la presión pública y de la presión informativa de los medios de comunicación masiva, quiénes se encargan de difundir a otras regiones, cuando no han sido comprados por las autoridades municipales, las malas acciones emprendidas o decisiones tomadas sin consenso.

Las relaciones del Presidente Municipal con los Regidores de su partido (que por cierto tienen mayoría en el Cabildo), pudiera ser de un menor grado de dependencia o “rendición de culto” pudiera ser menor si éstos últimos arribarán al cargo por medio del voto directo popular. Un problema colateral debido a esta relación sui generis, es que la relación entre estos Regidores y el Presidente Municipal es mucho más tensa y de desgaste que con los Regidores de oposición ¿Por qué? Porque es más fácil sostener una relación institucional con él, donde los pleitos de partido no se mezclan en esta relación.

En cambio con los del mismo partido, los problemas al interior de estos (los partidos) vienen a salpicar la vida y desenvolvimiento del Ayuntamiento, debido a que algunas veces este Regidor(es) pretende(n) independizarse del Presidente Municipal o bien porque pertenecen a otro grupo dentro del mismo partido. Pregunta: ¿Qué culpa tiene el ciudadano con esto?.

Por otra parte, la labor personal de los Regidores plurinominales (o de minoría), se ve cercada o mermada  dada su condición y solo pueden encontrar fuerza en proporción al apoyo que su partido les pueda brindar, mismo que cuando se da, mucho esta en función en el daño político que puedan ocasionar al partido gobernante y no en función a los requerimientos y necesidades a cubrir del municipio que requiere para poder alcanzar un desarrollo integral.

Encontrar el equilibrio exacto entre el Presidente Municipal y el resto del Cabildo no es tarea fácil. Ni siquiera las modificaciones al sistema electoral municipal pueden garantizarlo, sin embargo si puede facilitar y ayudar a que dicho equilibrio se dé. Simplemente se trata de que ambos cuerpos (ejecutivo y legislativo), que no están claramente divididos actualmente, ejerzan esa división de poderes que Montesquieu sabiamente propuso como contrapeso al absolutismo francés del siglo XVIII y que mucho serviría hoy en día para eliminar el absolutismo del Presidente Municipal en los Ayuntamientos mexicanos.

Un ayuntamiento verdaderamente unido (no por sus vínculos partidistas ni por sus propios intereses), con Regidores como verdaderos representantes directos de la sociedad (no de partidos), con objetivos y metas claras, funcionando y trabajando dentro de la diversidad y pluralidad política pero orientado hacia un solo sentido, puede ejercer mejor sus obligaciones para con la sociedad y ser parte esencial de una nación que continúa definiendo y desarrollando su federalismo, pero que requiere de municipios fuertes para poder consolidarlo.

Continuará la próxima semana con el tema la selección de candidatos a Regidores al interior de los partidos políticos. Gracias.

martes, abril 15, 2003

Servicio civil de carrera: ¿funcionará? - 2a Parte


Localeando, El Diario de Coahuila, 15 de abril 2003

En la primera parte del tema aquí tratado mencione sobre el inconveniente de haber diseñado la nueva Ley del Servicio Profesional de Carrera en la Administración Pública Federal desde la perspectiva de “proteger”, con el afán de dar continuidad a los programas y proyectos, a los empleados públicos federales de cualquier remoción de su puesto bajo la discrecionalidad del jefe inmediato.

Afirmé que en lugar de lo anterior, dicha ley debió haber sido diseñada desde la perspectiva de ofrecer y garantizar un verdadero servicio de calidad al ciudadano basado en altos niveles de eficiencia laboral, enfoque diametralmente opuesto. Por otra parte también hice una breve referencia sobre lo nocivo de hacer valer esta ley sin haber terminado de “purificar” la nómina federal, donde aún queda mucho personal que no sabe a ciencia cierta lo que hace en su puesto, o si lo hace, no de la mejor manera posible.

Sin embargo, la suerte ya esta echada y el siguiente paso es asegurarse que esta ley sea implementada en su totalidad y del mejor modo operable, para tiempo después, irse perfeccionando conforme se vaya obteniendo experiencia. Esto en el ámbito federal.

Por lo que respecta al ámbito estatal solo Aguascalientes tiene una Ley de este tipo ya aprobada. Entidades donde esta ley esta en comisiones del Congreso estudiándose son Nayarit, Hidalgo, Tlaxcala, Querétaro, Michoacán, Coahuila y Zacatecas. En el Distrito Federal la Asamblea Legislativa ya había aprobado su respectiva ley pero López Obrador la vetó por motivos presupuestales, pero principalmente porque iba a tener de “herencia” a funcionarios de la administración de Rosario Robles. ¿No tendrá la misma suerte esta ley en Aguascalientes cuando tome posesión el nuevo gobernador? ¿No tendrá la misma suerte esta ley en los demás Estados del país cuando suceda lo mismo? La respuesta a estas preguntas es que dependerá de los candados legales que hayan impuesto las legislaturas correspondientes para impedir que sea derogada por el nuevo ejecutivo estatal. ¿Pues no que todos estaban de acuerdo en este tipo de leyes?

¿Y que pasa en el ámbito municipal? En el municipio de Hermosillo, Sonora, el Cabildo aprobó un reglamento de servicio civil, sin embargo corrió la misma suerte que en el D.F.; fue vetada por el nuevo Presidente Municipal.

El problema que enfrenta y enfrentará este tipo de ley será la reticencia de los nuevos ejecutivos estatales o municipales (esperemos no pase lo mismo con el nuevo presidente del 2006), y es que al ver que su margen de maniobra para realizar movimientos de personal es muy reducido, simplemente darán marcha atrás, o bien, simplemente apoyarán sus fracasos de gobierno en el argumento de que no se contó con el personal necesario.

Ante todo lo anterior ¿Qué hacer? ¿Es conveniente aprobar o no una ley de este tipo con el riesgo de que sea vetada en un futuro? ¿Se necesita acaso un acuerdo de partidos, porque ya ni siquiera un Congreso, Cabildo o Asamblea garantiza la continuidad de la aplicación de una ley? Y si fuera así ¿Dónde queda la legitimidad del gobierno? Cuantas preguntas por contestar.

Mientras todo este debate se esta suscitando por todo el país, hay por ahí esfuerzos que pudieran representar el primer paso para aprobar, y sobretodo respetar, en un futuro una ley de servicio civil de carrera. Me refiero a los programas de certificación, que por cierto por el momento solo se encuentra en desarrollo para el ámbito municipal.

Como una alternativa a corto y mediano plazo, el denominado “Programa de Certificación de Funcionarios Municipales”, iniciativa impulsada por varios actores del ámbito municipal mexicano, es un proceso escalonado que valida los conocimientos, las habilidades y la experiencia de un servidor público en el área determinada creando un mercado laboral de servidores públicos que garanticen la suficiencia de un buen desempeño y desarrollo profesional.

La certificación se orienta bajo principios de rigor académico, profesional, transparencia, actualización permanente y evaluación, atendiendo la distinta tipología de municipios que existen en el país. Bajo este esquema, la certificación representa la consolidación de una carrera demostrada y no sólo la validación de conocimientos coyunturales.

Así pues tenemos dos opciones para tener empleados públicos profesionales y perdurables; implementar de golpe la ley de servicio civil o preparar el camino para implementarla a través de programas de certificación de funcionarios por parte de autoridades independientes y debidamente reconocidas.

Si usted fuera un recién electo presidente municipal, gobernador o presidente de la república que preferiría: ¿Recibir recursos humanos que arrastran todos los viejos vicios ya por todos conocidos y nombrados por su antecesor? o ¿recibir recursos humanos, en su mayoría, debidamente certificados por instituciones muy reconocidas, neutrales y profesionales?

Mientras cualquiera de las dos opciones se implementan, los respectivos gobiernos en turno deberán reforzar sus programas de capacitación con el único propósito de maximizar el uso de los recursos públicos, eficientar la operatividad del gobierno y potencializar los resultados del mismo. Todo con el único fin de mejorar la calidad de vida de sus gobernados.

Los caminos hacia la profesionalización no son de una sola trayectoria ni pudieran adherirse a esquemas que excluyan la cultura pública mexicana prevaleciente.   Sin lugar a dudas, la construcción de las sólidas instituciones municipales, estatales y federales, que impulsen el mejor de los servicios para los ciudadanos apenas comienza.  

jueves, abril 10, 2003

Servicio civil de carrera: ¿funcionará? - 1a Parte


Localeando, El Diario de Coahuila, 10 de abril 2003

En un principio, las leyes tuvieron su origen en la transformación de actitudes y en el consenso que van generando las costumbres comunes. Así pues, hace miles de años, cuando una costumbre se volvió indispensable para el desarrollo armónico de una sociedad entonces esta se plasmó en escritos que se hicieron del conocimiento público. Más o menos así paso con el Código de Hammurabi y así fue sucediendo hasta que la complejidad generada por el mismo desarrollo de la sociedad hizo que las leyes ya no tuvieran su fuente en las costumbres. Ahora las leyes, entre otras cosas, deben generar costumbres.

Desafortunadamente no siempre las leyes generaran las “buenas” costumbres respectivas y ante esto viene mi duda sobre la nueva Ley del Servicio Profesional de Carrera en la Administración Pública Federal, que apenas en días pasados fue aprobada y oficializada en el Diario Oficial de la Federación.

Esta ley pretende  rescatar a una profesión que se encuentra fuertemente devaluada: burócrata.  Estos sujetos, quiénes teniendo unas de las responsabilidades más nobles y serviciales en el ámbito laboral, se encuentran desafortunadamente parados en un ambiente que envuelve la ineficiencia con la incertidumbre, la corrupción con el desconocimiento, la apatía con la cerrazón y la des-autoestima profesional con el conformismo. Y se lo digo con conocimiento de causa porque yo fui uno de ellos.

El senador priista Carlos Rojas, su promotor original, explicó que la razón fundamental de proponer la profesionalización del servicio público radica en evitar que los cambios de administración provoquen suspensión de programas, servicios y acciones gubernamentales. Ante esto yo me pregunto ¿Por qué mejor la razón fundamental de esta ley no fue sino ofrecer un verdadero servicio de calidad al ciudadano basado en altos niveles de eficiencia laboral?

Lo malo de esta ley será que ahora garantiza la estancia en un puesto público a aquellos malos servidores públicos que hoy en día laboran en el gobierno federal, es decir, los “malos e ineficiente” serán ahora arropados por esta ley para seguir haciendo de las suyas en su puesto ¡con la garantía de que no serán corridos tan fácilmente!

Los legisladores argumentan que mediante la aprobación del Decreto respectivo (publicación de la Ley), se pretende eliminar la discrecionalidad en el ingreso, permanencia y promoción laboral dentro del servicio público y que para asegurar lo anterior, se transformará la Secretaría de Contraloría y Desarrollo Administrativo (SECODAM) en la Secretaría de la Función Pública. ¿Debemos dar una vez más un nuevo voto de confianza a esta ley?

Por supuesto que si, pero dudo mucho que bajo los argumentos que la sustenta, pueda llegar a cumplir su cometido. Insisto; esta ley fue creada fundamentalmente para garantizar el puesto a los que están ocupando algún cargo con la finalidad de dar continuidad a programas y proyectos, y no esta sustentada en relación con a quienes sirven, es decir sus clientes, osea los ciudadanos. Enfoques muy alejados uno del otro.

Es más esta ley contraviene en algún momento con la también reciente Ley de Acceso a la Información, al obligar a los trabajadores públicos a "guardar reserva de la información, documentación y, en general, de los asuntos que conozca, en términos de la ley en la materia". Pero bueno, es harina de otro costal.

Si bien es cierto que algunas de las obligaciones estipuladas en esta ley son que los trabajadores públicos deberán ejercer sus funciones con apego a los principios de legalidad, objetividad, imparcialidad y eficiencia; asistir puntualmente a sus labores, participar en las evaluaciones y de excusarse de participar en asuntos que puedan implicar conflicto de intereses, todo lo anterior aún me deja mucha duda.

Y créame, no estoy en contra del espíritu central de este tema (la burra no era arisca hasta que la hicieron), pero es que México arrastra una tradición de patronazgo que, difícilmente, se rompería con la promulgación de leyes.  Otra vez, la costumbre (que es mala en este caso) versus la ley.

Ahora bien, pasando al orden de gobierno municipal, tenemos que si bien el tema pudiera encontrar eco en la administración pública federal, el ámbito local no abriga, en este momento, la posibilidad de establecer modelos estructurales –entre ellos los jurídicos- de servicios de carrera.    Empero, si es depositario de los principios que alientan la profesionalización de los servidores públicos.

De las 2 mil 431 administraciones públicas municipales mexicanas, más del 50 por ciento sustenta una planta laboral no mayor de 70 personas, según una encuesta de SEDESOL/INGEGI/CONAPO.   De principio, la instauración de modelos de carrera nos exigiría una adecuación a las características “sui generis” del mosaico local en México.  Aunque la posibilidad de su establecimiento en algunos municipios, por sus características de desarrollo institucional, es factible. En los demás también, pero no en estos momentos.

Como una de las investiduras preponderantes de la autoridad municipal, es pertinente resaltar su carácter de prestador de servicios.   Bajo este principio, será suficiente –por lo pronto- asegurar que los cargos públicos sean ocupados por servidores con el perfil adecuado y tenedores de las capacidades requeridas para el cumplimiento de su función –conocimiento, experiencia, habilidades, entre otras-.    Su conexión integral con los planes y políticas del gobierno municipal serán resultado de un proceso paulatino en el marco de la gestación de una nueva cultura de gestión gubernamental.  No podemos, por decreto, impedir los cambios en las costumbres, como lo expone el jalisciense José Rosas Moreno en su obra literaria “La Ley Inútil”.

Las instituciones municipales en México gestaron y  alimentaron  un ambiente tal, que hoy es ineludible la separación política del conocimiento técnico y la operación de los servicios.  Así fue diseñado y así trabajará el esquema por un futuro indeterminado.   ¿Cómo, entonces, encontrar una respuesta que brinde certidumbre a la prestación de los servicios públicos y, al mismo tiempo, considere el patronazgo político visto como “normal”  y legítimo en las autoridades?.  Continuara...

Para la reflexión: "No sabe nada pero piensa que lo conoce todo. Eso apunta claramente a una carrera política." George Bernard Shaw ¿Usted que piensa sobre lo anterior?

jueves, abril 03, 2003

Sociedad versus Sociedad


Localeando, El Diario de Coahuila, 3 de abril 2003

Se dice que cada sociedad tiene el país (gobierno) que se merece. Pero resultaría muy limitado conformarse con esta frase. Dejaría a un lado a todos esos esfuerzos de aquellos académicos que desde su trinchera abogan, a través de los resultados de sus investigaciones, por generar políticas públicas más justas, a pesar de que tiene muchos colegas que solo viven del presupuesto (porque vivir fuera de él, sería erróneo, dicen). Haría a un lado a todos esos esfuerzos de los buenos empleados públicos que día a día tienen que enfrentar las terribles resistencias y malos vicios que algunos de sus compañeros aún tienen muy arraigados.

Desacreditaría a todos aquellos buenos ciudadanos que puntualmente pagan sus impuestos, a pesar de que saben que muchos otros (quizás su mejor amigo, pariente o vecino) no lo hace o nunca lo ha hecho, o peor aún, a pesar de que sabe que su gobierno no le informa sobre el destino de los dineros públicos. Desilusionaría a aquel estudiante de universidad que se prepara para generar un mejor conocimiento que a la larga generaría un mejor país, a pesar de que tiene compañeros de los llamados “fósiles” que sólo utilizan su condición de estudiante para generar malos ejemplos o problemas. Tampoco tomaría en cuenta la preocupación diaria de esa ama de casa que se preocupa por que sus hijos acudan a la escuela, a pesar de que sabe que ahí, sus hijos, convivirán con niños que provienen de una familia desunida porque sus padres siempre discuten o pelean.

También por que no, frustraría a aquel empresario que genera empleos y ofrece capacitación a sus empleados para que todos ganen, paga sus impuestos, compite por tener contratos conforme a la ley, a pesar de que tiene colegas que no pagan impuestos, explotan a sus empleados y dan “moches” para ganar contratos. También esta frase (cada país / sociedad tiene el gobierno que se merece) ofendería a aquel supervisor de mercados ambulantes que no recibe ni un centavo de líderes corruptos y que trabaja por hacer que los reglamentos municipales se cumplan tal cuál.

Ofendería a aquel policía que cumple la ley y la hace cumplir para que los ciudadanos vivamos en armonía, a pesar del ambiente adverso en que ejecuta su labor. Lastimaría a aquel infante estudiante que hace su tarea para obtener buenas calificaciones, a pesar de que el compañerito de al lado le pide copiar su tarea.

Enojaría a aquel legislador (Diputado, Senador y Regidor) que verdaderamente se preocupa por generar y tener leyes y reglamentos que sean justos y benéficos para la mayoría, a pesar que tiene colegas que “pasan de noche” por su puesto, o que privilegian a su partido, sobre el ciudadano común, a la hora de tomar decisiones, con la finalidad de obtener unos cuantos míseros votos para su causa.

En fin, esta frase, echaría por la borda a todas aquellas personas que luchan día con día por tener un país, estado o municipio, mejor que el que ahora tienen, aún sabiendo que siempre enfrentan a una contraparte que resto logros y éxitos que pudieron contribuir a generar un cambio de cultura.

Escribo todo lo anterior porque Leyendo el artículo “Ambientes operativos” de Gabriel Zaid y publicado en el periódico MURAL del 30 de marzo de 2003 me encontré con algunos párrafos que me parecieron muy interesantes y que a continuación cito: “México está lleno de personas valiosas, aunque los resultados del país sean decepcionantes. El problema está en cómo se conectan los mexicanos entre sí. La capacidad colectiva no es una simple suma de capacidades individuales. Un esfuerzo conjunto puede valer mucho más o mucho menos que la suma de sus partes. Todo depende del modo de operar. Por eso, un bracero improductivo en México puede llegar a crear una cadena de empresas en los Estados Unidos, un investigador sin futuro en México puede alcanzar allá el premio Nobel; y, sin salir de México, una misma persona puede tener rendimientos muy distintos al pasar de un contexto operativo a otro”.

Desmenuzando dicho párrafo tenemos que uno de los problemas esta en como los mexicanos nos “conectamos entre sí”; es decir como nos interrelacionamos, y que en medio de estas “conexiones” se traducirá tarde o temprano en el como unos jalan para un lado y otros para el otro opuesto (primeros párrafos de este artículo). La operación de una sociedad se da en medio de un ambiente generado no solo por el gobierno, sino también por la misma sociedad. O ¿Acaso seguiremos echando culpas a otros?.

Más adelante, Zaid añade lo siguiente: “Afortunadamente, siempre quedan islotes a salvo que pueden influir favorablemente. Siempre hay inadaptados que dan la pelea, aunque sea absurdo, porque están convencidos de que lo mejor es posible. También hay adaptados que cambian, porque se sienten mal o la degradación ya no los beneficia. Además, el contagio puede ser positivo, no sólo negativo. A lo cual hay que sumar algo fundamental: que millones de mexicanos ya no están resignados a vivir en un país de segunda. Por eso, aunque la resistencia a mejorar es feroz y muchas autoridades decepcionan frente a la urgencia de sanear los ambientes degradados, no es tan utópico soñar en que lo mejor sí es posible”.

Esos “inadaptados” que hoy señala este personaje son los que generan los grandes cambios positivos a través de los años, son los que luchan contra el status quo aún a costa de que son minorías dentro de sus ambientes operativos. Solo le agregaría unas palabras a este excelente artículo de Zaíd: muchas autoridades decepcionan porque, como sociedad, no les hemos hecho entender que las reglas del juego ya son otras y que aquel que quiera ser gobierno no recibirá un cheque en blanco y que tampoco podrá decir “es que no sabía a lo que me enfrentaba”. Los ambientes degradados se limpian si actuamos todos, si no, pues no. Así de simple.