lunes, febrero 26, 2007

Moreira y Fox


Localeando, 26 de Febrero de 2007
(Artículo no publicado en periódico)
Jaime Villasana Dávila

El tema es obligado. Lo sucedido la semana pasada respecto de la acusación del gobernador de Coahuila en contra del ex –presidente Fox, en el sentido de que el primero culpara a inocentes por lo sucedido en la mina Pasta de Conchos, es otro capítulo más (no sé si el último) dentro de las nunca buenas relaciones entre ambos. Su “luna de miel” solo duró diciembre de 2005 (toma de posesión del gobernador) y enero de 2006. Luego vino la tragedia y ya nada fue igual.

El caso Moreira-Fox merece analizarse seriamente porque ambos representan figuras políticas que difícilmente chocaban durante el régimen priísta debido al sistema presidencialista-imperial que existía. De una u otra forma los problemas se resolvían sin mucho aspaviento, al menos no en lo público. Quizás el más sobresaliente fue el protagonizado en 1994-95 por Roberto Madrazo y el ex –presidente Ernesto Zedillo, resolviéndose finalmente a favor del primero (no fue depuesto del cargo de gobernador), aunque le ayudó la tremenda crisis económica, la cual reclamaba toda la atención del Presidente.

En esta nueva etapa democrática, ambos actores (Moreira-Fox) sentaron un precedente, no sé si bueno o malo,  para las relaciones futuras de un Presidente de la República y un Gobernador. Su actuación cambió dramáticamente el método de solución de los ulteriores problemas o tragedias de la envergadura de Pasta de Conchos. Igualmente modifica el trato para con ex –Presidentes, que hasta ahora había sido de cierto respeto institucional, y deja obviamente muchos aprendizajes.

En este conflicto jugó un papel fundamental la personalidad (especial) de ambos protagonistas y esta está conectada irremediablemente al discurso. Los dos (Moreira-Fox) son simpáticos, emocionales, utilizan un lenguaje sencillo y penetrador entre el ciudadano común, expresan un discurso popular (no populista) y hablan “como va”. Caen bien. El mismo gobernador reconoció de alguna manera la similitud de personalidades. Aquí la prueba. Dice Fox -Oye, tú no te quedas callado-, a lo que Moreira le respondió -Presidente, con todo respeto, usted tampoco- (EL DIARIO, 200207). Va pues el implícito de “somos iguales” y la deducción de que la semejanza de personalidad fue (paradójicamente) una de las causas del conflicto.

Desde mi punto de vista es sano que sucedan este tipo de hechos porque ayudan a pulir nuestra incipiente democracia y a purificarla, tirando máscaras y descubriendo auténticas idiosincrasias. Pero se convertirá en algo nocivo si no hay consecuencias puntuales y legales. En las democracias desarrolladas las hay (castigos y/o encarcelamientos) y eso sirve de lecciones para todos. En Japón incluso se debe pedir perdón de manera pública en una rueda de prensa. Pero en democracias como la nuestra eso difícilmente sucede, y peor aún, alimenta el sentimiento de impunidad que prevalece en la sociedad, relacionándola con negociaciones de las élites políticas.

Respecto a la revelación es de pensarse que el gobernador calculó bien la decisión tomada y visualizó escenarios. Tuvo un año para hacerlo. Pero el resultado indica que no se midieron las consecuencias. El saldo por ahora se deduce a la incredulidad de la revelación y a los tiempos. La justificación del gobernador (guardo silencio por prudencia pero decidió hacerlo público, luego de que se falsificaron documentos para pretender fincarle responsabilidad en la tragedia) sigue sin convencer y al contrario genera más preguntas y solo contesta una (acusó hasta ahora porque lo involucraron) pero ¿Si no lo hubieran hecho lo hubiera dicho? ¿No sería eso encubrimiento de delito y/o obstrucción de la justicia? Con este acto el gobernador retrasó un largo año las investigaciones.

Otra pista que revela la mala estrategia es lo acontecido el jueves pasado, día en que el gobernador decidió poner punto final (¿?) al caso ("de ese tema ya no tengo nada qué decir", EL DIARIO 230207). Si uno va ganando obviamente no para, sino al contrario, acelera. Este no es el caso. La ausencia de pruebas físicas y/o documentales en contra de Fox obligó a recular. Ahora si no sigue, el PRD lo tachará de encubridor, el PAN se lo recordará por siempre y ha perdido un amigo (Lázaro Cárdenas, gobernador de Michoacán).

Otra estela del error fue el retrógrada evento del viernes con burócratas del Estado, quienes le manifestaron su “apoyo” e incluso su hermano declaró que se trata de ¡un complot!. (¿Acaso no aprendieron de AMLO?). Era un tema estrictamente legal y el gobernador decidió hacerlo estrictamente político.

¿Se quiere saltar a la palestra nacional para proyectos futuros (léase 2011)? Hay caminos mejores para hacerlo. Fox lo hizo colocándose en las orejas un par de boletas electorales para protestar en el Congreso en contra del ex –Presidente Salinas por su dudosa elección. Ese acto meramente mediático (como la declaración del gobernador) le dio la vuelta a todo México y le sirvió mucho en el 2000. Pero hoy son otros tiempos, la gente ya esta cansada de escándalos y actos que no llevan a nada. Ellos quieren acciones y decisiones que les mejoren su vida diaria y mucho puede hacerse para sobresalir nacionalmente actuando localmente; reforma electoral de segunda generación, concreción del Instituto de Planeación y Políticas Públicas, concreción del proyecto “Saltillo en bicicleta”, conclusión del proyecto de juicios orales, consolidación de la transparencia, transformación de la Contaduría Mayor en Auditoria Superior, metropolitanización de municipios, mejora del transporte con acciones simples pero de valor, etc. En todas estas opciones el gobernador tiene mucha o media influencia y algunas son innovaciones en México. Solo es querer entrarle.

En la actualidad, los gobernantes modernos saben que la mejor manera de dejar huella en un gobierno no es amedrentando a rivales políticos, acometiendo otros poderes, embistiendo instancias públicas autónomas, manejando casi con un control absoluto el quehacer político, actuando en la desconfianza, controlando medios, atosigando burócratas, agrandando el aparato gubernamental. Esas estrategias las enterraron tiempo atrás. Ellos invierten sus energías en; innovar, diseñar y/o adaptar nuevos esquemas, adoptar nuevas tecnologías, transformar, en sumar voluntades (convenciendo); tomar decisiones.

¿Podrá el gobernador deshacerse de las malas influencias?

Moreira y Fox


Artículo Localeando, El Diario de Coahuila, 26 de febrero 2007

El tema es obligado. Lo sucedido la semana pasada respecto de la acusación del gobernador de Coahuila en contra del ex –presidente Fox, en el sentido de que el primero culpara a inocentes por lo sucedido en la mina Pasta de Conchos, es otro capítulo más (no sé si el último) dentro de las nunca buenas relaciones entre ambos. Su “luna de miel” solo duró diciembre de 2005 (toma de posesión del gobernador) y enero de 2006. Luego vino la tragedia y ya nada fue igual.

El caso Moreira-Fox merece analizarse seriamente porque ambos representan figuras políticas que difícilmente chocaban durante el régimen priísta debido al sistema presidencialista-imperial que existía. De una u otra forma los problemas se resolvían sin mucho aspaviento, al menos no en lo público. Quizás el más sobresaliente fue el protagonizado en 1994-95 por Roberto Madrazo y el ex –presidente Ernesto Zedillo, resolviéndose finalmente a favor del primero (no fue depuesto del cargo de gobernador), aunque le ayudó la tremenda crisis económica, la cual reclamaba toda la atención del Presidente.

En esta nueva etapa democrática, ambos actores (Moreira-Fox) sentaron un precedente, no sé si bueno o malo,  para las relaciones futuras de un Presidente de la República y un Gobernador. Su actuación cambió dramáticamente el método de solución de los ulteriores problemas o tragedias de la envergadura de Pasta de Conchos. Igualmente modifica el trato para con ex –Presidentes, que hasta ahora había sido de cierto respeto institucional, y deja obviamente muchos aprendizajes.

En este conflicto jugó un papel fundamental la personalidad (especial) de ambos protagonistas y esta está conectada irremediablemente al discurso. Los dos (Moreira-Fox) son simpáticos, emocionales, utilizan un lenguaje sencillo y penetrador entre el ciudadano común, expresan un discurso popular (no populista) y hablan “como va”. Caen bien. El mismo gobernador reconoció de alguna manera la similitud de personalidades. Aquí la prueba. Dice Fox -Oye, tú no te quedas callado-, a lo que Moreira le respondió -Presidente, con todo respeto, usted tampoco- (EL DIARIO, 200207). Va pues el implícito de “somos iguales” y la deducción de que la semejanza de personalidad fue (paradójicamente) una de las causas del conflicto.

Desde mi punto de vista es sano que sucedan este tipo de hechos porque ayudan a pulir nuestra incipiente democracia y a purificarla, tirando máscaras y descubriendo auténticas idiosincrasias. Pero se convertirá en algo nocivo si no hay consecuencias puntuales y legales. En las democracias desarrolladas las hay (castigos y/o encarcelamientos) y eso sirve de lecciones para todos. En Japón incluso se debe pedir perdón de manera pública en una rueda de prensa. Pero en democracias como la nuestra eso difícilmente sucede, y peor aún, alimenta el sentimiento de impunidad que prevalece en la sociedad, relacionándola con negociaciones de las élites políticas.

Respecto a la revelación es de pensarse que el gobernador calculó bien la decisión tomada y visualizó escenarios. Tuvo un año para hacerlo. Pero el resultado indica que no se midieron las consecuencias. El saldo por ahora se deduce a la incredulidad de la revelación y a los tiempos. La justificación del gobernador (guardo silencio por prudencia pero decidió hacerlo público, luego de que se falsificaron documentos para pretender fincarle responsabilidad en la tragedia) sigue sin convencer y al contrario genera más preguntas y solo contesta una (acusó hasta ahora porque lo involucraron) pero ¿Si no lo hubieran hecho lo hubiera dicho? ¿No sería eso encubrimiento de delito y/o obstrucción de la justicia? Con este acto el gobernador retrasó un largo año las investigaciones.

Otra pista que revela la mala estrategia es lo acontecido el jueves pasado, día en que el gobernador decidió poner punto final (¿?) al caso ("de ese tema ya no tengo nada qué decir", EL DIARIO 230207). Si uno va ganando obviamente no para, sino al contrario, acelera. Este no es el caso. La ausencia de pruebas físicas y/o documentales en contra de Fox obligó a recular. Ahora si no sigue, el PRD lo tachará de encubridor, el PAN se lo recordará por siempre y ha perdido un amigo (Lázaro Cárdenas, gobernador de Michoacán).

Otra estela del error fue el retrógrada evento del viernes con burócratas del Estado, quienes le manifestaron su “apoyo” e incluso su hermano declaró que se trata de ¡un complot!. (¿Acaso no aprendieron de AMLO?). Era un tema estrictamente legal y el gobernador decidió hacerlo estrictamente político.

¿Se quiere saltar a la palestra nacional para proyectos futuros (léase 2011)? Hay caminos mejores para hacerlo. Fox lo hizo colocándose en las orejas un par de boletas electorales para protestar en el Congreso en contra del ex –Presidente Salinas por su dudosa elección. Ese acto meramente mediático (como la declaración del gobernador) le dio la vuelta a todo México y le sirvió mucho en el 2000. Pero hoy son otros tiempos, la gente ya esta cansada de escándalos y actos que no llevan a nada. Ellos quieren acciones y decisiones que les mejoren su vida diaria y mucho puede hacerse para sobresalir nacionalmente actuando localmente; reforma electoral de segunda generación, concreción del Instituto de Planeación y Políticas Públicas, concreción del proyecto “Saltillo en bicicleta”, conclusión del proyecto de juicios orales, consolidación de la transparencia, transformación de la Contaduría Mayor en Auditoria Superior, metropolitanización de municipios, mejora del transporte con acciones simples pero de valor, etc. En todas estas opciones el gobernador tiene mucha o media influencia y algunas son innovaciones en México. Solo es querer entrarle.

En la actualidad, los gobernantes modernos saben que la mejor manera de dejar huella en un gobierno no es amedrentando a rivales políticos, acometiendo otros poderes, embistiendo instancias públicas autónomas, manejando casi con un control absoluto el quehacer político, actuando en la desconfianza, controlando medios, atosigando burócratas, agrandando el aparato gubernamental. Esas estrategias las enterraron tiempo atrás. Ellos invierten sus energías en; innovar, diseñar y/o adaptar nuevos esquemas, adoptar nuevas tecnologías, transformar, en sumar voluntades (convenciendo); tomar decisiones.

¿Podrá el gobernador deshacerse de las malas influencias?

lunes, febrero 19, 2007

Propuesta Abascal-Green


Artículo Localeando, El Diario de Coahuila, 19 de febrero 2007

Resulta interesante dar seguimiento a los discursos de los dirigentes de los partidos políticos en eventos formales y/o académicos porque de alguna manera dan voz a los conceptos e ideas que al interior de los mismos se están abordando y discutiendo. Dichos eventos les sirven para lanzar propuestas digamos serias y al mismo tiempo medir la recepción que estas tienen entre la audiencia, usualmente líderes de opinión, periodistas, empresarios.

Pues bien, el pasado 12 de febrero se llevó a cabo en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM el seminario “Constitución, democracia y elecciones: la reforma que viene”. A él asistieron, entre otros, los secretarios generales del PRI y el PAN, Rosario Green y Carlos Abascal. El PRD estaba invitado pero no envió a nadie.

De acuerdo a notas periodísticas, ambos políticos hicieron varias proposiciones. El primero planteó una reforma legal para impedir que una persona pueda contender en una elección por un partido político diferente del que originalmente formaba parte durante el mismo proceso electoral. El periódico La Jornada transcribió las palabras del ex secretario de Gobernación como “una propuesta para que exista mayor control de las participaciones políticas en aras de mayor congruencia, porque con frecuencia hay ciudadanos que son postulados por un partido con el cual ni siquiera tienen la más mínima afinidad”. ¿A cuántos realmente los mueve una afinidad ideológica y a cuantos un interés económico?.

Por su parte Rosario Green, reportó Reforma, se pronunció por castigar a los tránsfugas partidistas al imponerles un plazo mínimo de dos años para poder volver a participar en un proceso electoral. Igualmente sugirió la existencia de una legislación que regule más allá de las actividades electorales de los partidos, pues ello garantizaría que la vida interna de todos los partidos fuera más democrática. En otras palabras Green proponía una Ley de Partidos, a lo que Abascal se opuso.

Las propuestas de Abascal y Green dan para mucha discusión y análisis. Respecto a la del primero, los periodistas rápidamente la comprendieron y le cuestionaron si iba dirigida contra la ex -panista Ana Rosa Payán. Como era de esperarse, Abascal lo negó (ni siquiera tiene la osadía de afirmar algo tan evidente). Ahora bien, la propuesta de Green es más rigorista que la del panista porque propone dos años de castigo para el “desertor”, pero se comprende (más no se acepta) dado que el PRI ha sufrido desde hace tiempo un profundo desangrado de importantes militantes, fenómeno que inicia en el PAN debido a su penetración en el poder.

Ambos actores tratan de convertir un fenómeno (transfuguismo), repetido desde hace años, en oportunidad para sus instituciones, aprovechándose de que los ciudadanos cuestionan, y hasta miran con no muy buenos ojos, esos movimientos, pero ello no significa que deseen impedir legalmente dichas acciones. Al contrario, en ocasiones ha recompensado al tránsfuga otorgándole los votos necesarios para hacerse del poder. El mejor caso fue Ricardo Monreal en 1998, cuando ganó la gubernatura de Zacatecas con el PRD y no con el PRI, quien postuló a otro candidato.

El transfuguismo, y ante la imposibilidad de las candidaturas independientes a lo que Abascal también condenó, se convierte en un momento determinado en la única salida para políticos que se consideran con los suficientes elementos para ganar una contienda electoral y para los ciudadanos en oportunidad para enmendar los errores, la opacidad y las trampas de los partidos en sus elecciones internas.  

Los partidos tienen chueca la mira respecto a las reformas que requiere nuestro sistema de partidos. Sugieren una mayor rigidez legal para promover el buen desempeño de los partidos pero bajo sus parámetros y esto es intolerante porque solo buscan monopolizar aun más el acceso al poder. Las escisiones que vemos se deben a sus propios errores y  no a la actual legislación.

Son muchos los flancos débiles de nuestro país y uno de ellos son la calidad de nuestros partidos, únicos actores sociales que poseen completamente la “sartén por el mango” porque de ellos dependemos absolutamente todos, incluidas nuestras instituciones. Preocupa que gentes pensantes como Abascal y Green presenten propuestas con características totalmente antidemocráticas. Pero más de Abascal, quien hasta el 2000 fue uno de los lideres empresariales que pugnaban por una mayor libertad política. Con su iniciativa, apunta para el otro lado. En todo caso ambos deben conminar a sus correligionarios a cumplir con los principios básicos de un sistema democrático consolidado; transparencia, apertura, austeridad, etc.

Hoy más que nunca necesitamos partidos fuertes para contrarrestar muchos retos, de modo que podamos vivir una democracia plena y evitar eso que Colin Crouch, el prestigioso sociólogo británico, denomina la “Posdemocracia” (Taurus, 2004), donde las élites poseen un control casi absoluto del gobierno y las instituciones, excluyendo a la sociedad con una multiplicidad de sofisticados mecanismos, pero sin caer en la antidemocracia, porque respeta ciertas formalidades de la democracia representativa. Aunque al parecer ya lo estamos.

Glosa: Dos temas. a) El gobierno de Coahuila esta promoviendo la conformación de policías metropolitanas en la zona de Saltillo-sureste y La Laguna. En ellas se sumarían las policías de los municipios conurbados, se formaría un comité, un fideicomiso para administrar sus fondos, habría representación de los Cabildos y de los Alcaldes y estaría dirigida por un Comisionado o coordinador general. La propuesta me parece excelente y por supuesto que la apoyo. Sería la primera ocasión que algo así sucediera en nuestro país. Es mediante este tipo de mecanismos, como en las grandes zonas urbanas de EUA, Canadá y Europa han podido paliar el problema de la inseguridad. Ojalá que en este proceso se privilegie el beneficio de la ciudadanía y no termine en un intento frustrado por egoísmos políticos o partidistas. Sería muy despreciable que así fuera. Suerte con estos esfuerzos.

b) Es muy lamentable observar la situación del ICAI; atrapado en pleitos internos ocasionados por externos, donde el cumplimiento de sus objetivos quedan en último lugar. Urge una definición pronta del Tribunal de Coahuila para aclarar el entramado jurídico en el que se encuentra.

Propuesta Abascal-Green


LOCALEANDO, 19 de Febrero de 2007
Jaime Villasana Dávila

Resulta interesante dar seguimiento a los discursos de los dirigentes de los partidos políticos en eventos formales y/o académicos porque de alguna manera dan voz a los conceptos e ideas que al interior de los mismos se están abordando y discutiendo. Dichos eventos les sirven para lanzar propuestas digamos serias y al mismo tiempo medir la recepción que estas tienen entre la audiencia, usualmente líderes de opinión, periodistas, empresarios.

Pues bien, el pasado 12 de febrero se llevó a cabo en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM el seminario “Constitución, democracia y elecciones: la reforma que viene”. A él asistieron, entre otros, los secretarios generales del PRI y el PAN, Rosario Green y Carlos Abascal. El PRD estaba invitado pero no envió a nadie.

De acuerdo a notas periodísticas, ambos políticos hicieron varias proposiciones. El primero planteó una reforma legal para impedir que una persona pueda contender en una elección por un partido político diferente del que originalmente formaba parte durante el mismo proceso electoral. El periódico La Jornada transcribió las palabras del ex secretario de Gobernación como “una propuesta para que exista mayor control de las participaciones políticas en aras de mayor congruencia, porque con frecuencia hay ciudadanos que son postulados por un partido con el cual ni siquiera tienen la más mínima afinidad”. ¿A cuántos realmente los mueve una afinidad ideológica y a cuantos un interés económico?.

Por su parte Rosario Green, reportó Reforma, se pronunció por castigar a los tránsfugas partidistas al imponerles un plazo mínimo de dos años para poder volver a participar en un proceso electoral. Igualmente sugirió la existencia de una legislación que regule más allá de las actividades electorales de los partidos, pues ello garantizaría que la vida interna de todos los partidos fuera más democrática. En otras palabras Green proponía una Ley de Partidos, a lo que Abascal se opuso.

Las propuestas de Abascal y Green dan para mucha discusión y análisis. Respecto a la del primero, los periodistas rápidamente la comprendieron y le cuestionaron si iba dirigida contra la ex -panista Ana Rosa Payán. Como era de esperarse, Abascal lo negó (ni siquiera tiene la osadía de afirmar algo tan evidente). Ahora bien, la propuesta de Green es más rigorista que la del panista porque propone dos años de castigo para el “desertor”, pero se comprende (más no se acepta) dado que el PRI ha sufrido desde hace tiempo un profundo desangrado de importantes militantes, fenómeno que inicia en el PAN debido a su penetración en el poder.

Ambos actores tratan de convertir un fenómeno (transfuguismo), repetido desde hace años, en oportunidad para sus instituciones, aprovechándose de que los ciudadanos cuestionan, y hasta miran con no muy buenos ojos, esos movimientos, pero ello no significa que deseen impedir legalmente dichas acciones. Al contrario, en ocasiones ha recompensado al tránsfuga otorgándole los votos necesarios para hacerse del poder. El mejor caso fue Ricardo Monreal en 1998, cuando ganó la gubernatura de Zacatecas con el PRD y no con el PRI, quien postuló a otro candidato.

El transfuguismo, y ante la imposibilidad de las candidaturas independientes a lo que Abascal también condenó, se convierte en un momento determinado en la única salida para políticos que se consideran con los suficientes elementos para ganar una contienda electoral y para los ciudadanos en oportunidad para enmendar los errores, la opacidad y las trampas de los partidos en sus elecciones internas. 

Los partidos tienen chueca la mira respecto a las reformas que requiere nuestro sistema de partidos. Sugieren una mayor rigidez legal para promover el buen desempeño de los partidos pero bajo sus parámetros y esto es intolerante porque solo buscan monopolizar aun más el acceso al poder. Las escisiones que vemos se deben a sus propios errores y  no a la actual legislación.

Son muchos los flancos débiles de nuestro país y uno de ellos son la calidad de nuestros partidos, únicos actores sociales que poseen completamente la “sartén por el mango” porque de ellos dependemos absolutamente todos, incluidas nuestras instituciones. Preocupa que gentes pensantes como Abascal y Green presenten propuestas con características totalmente antidemocráticas. Pero más de Abascal, quien hasta el 2000 fue uno de los lideres empresariales que pugnaban por una mayor libertad política. Con su iniciativa, apunta para el otro lado. En todo caso ambos deben conminar a sus correligionarios a cumplir con los principios básicos de un sistema democrático consolidado; transparencia, apertura, austeridad, etc.

Hoy más que nunca necesitamos partidos fuertes para contrarrestar muchos retos, de modo que podamos vivir una democracia plena y evitar eso que Colin Crouch, el prestigioso sociólogo británico, denomina la “Posdemocracia” (Taurus, 2004), donde las élites poseen un control casi absoluto del gobierno y las instituciones, excluyendo a la sociedad con una multiplicidad de sofisticados mecanismos, pero sin caer en la antidemocracia, porque respeta ciertas formalidades de la democracia representativa. Aunque al parecer ya lo estamos.

Glosa: Dos temas. a) El gobierno de Coahuila esta promoviendo la conformación de policías metropolitanas en la zona de Saltillo-sureste y La Laguna. En ellas se sumarían las policías de los municipios conurbados, se formaría un comité, un fideicomiso para administrar sus fondos, habría representación de los Cabildos y de los Alcaldes y estaría dirigida por un Comisionado o coordinador general. La propuesta me parece excelente y por supuesto que la apoyo. Sería la primera ocasión que algo así sucediera en nuestro país. Es mediante este tipo de mecanismos, como en las grandes zonas urbanas de EUA, Canadá y Europa han podido paliar el problema de la inseguridad. Ojalá que en este proceso se privilegie el beneficio de la ciudadanía y no termine en un intento frustrado por egoísmos políticos o partidistas. Sería muy despreciable que así fuera. Suerte con estos esfuerzos.

b) Es muy lamentable observar la situación del ICAI; atrapado en pleitos internos ocasionados por externos, donde el cumplimiento de sus objetivos quedan en último lugar. Urge una definición pronta del Tribunal de Coahuila para aclarar el entramado jurídico en el que se encuentra.

lunes, febrero 12, 2007

Los gobernadores


Artículo Localeando, El Diario de Coahuila, 12 de febrero 2007

Los partidos locales, los Senadores y los Gobernadores, son (o deberían ser) los protagonistas naturales para impulsar el federalismo en México. Nadie mejor que ellos puede impulsar con enjundia esas nuevas reglas federalistas que todo mundo visualiza pero nadie aterriza. Un paréntesis; no esperemos mucho de los partidos nacionales (inmersos en crisis y egoístas), ni del Presidente (menguado y con poder de convocatoria limitada), ni de los Diputados (representan al pueblo y su baja calidad es más que evidente).

Respecto a los primeros (partidos locales), los he analizado brevemente en las dos últimas semanas y una conclusión inicial es su escasa presencia electoral y su debilidad institucional para influir en el tema. De los Senadores no hay mucho por decir salvo repetir su calidad de “Senadores de los Partidos” (no de la República). Con eso se dice todo. Toca pues el turno a los Gobernadores.

Desde la independencia de México, la figura del Gobernador ha mostrado una actitud o comportamiento más o menos institucional y siempre cumpliendo con uno de los preceptos constitucionales; la unidad del país, incluso en momentos muy frágiles del Estado mexicano. Pactos económicos, políticos y sociales se dieron y los gobernadores se sumaron para jugar un rol subsidiario en lo nacional y principal en lo local (incluso caciquil). Hubieron rebeldías (Yucatán, Tabasco) pero al final regresaron al redondel, alineándose a la Constitución (o al Presidente).

Pero con el resultado de la elección del 2000 su escenario habitual se modificó profundamente. Una nueva historia del Gobernador mexicano como figura institucional había que escribir pero no se sabía por donde iniciar. Ese momento significó un shock actitudinal a quienes ostentaban el cargo porque ellos también requirieron de diseñar un nuevo sistema (todavía no terminado) de relaciones políticas con el resto de los actores. La sumisión habitual ya no podía darse porque también se había dado un ajuste relacional entre el Presidente y el Congreso de la Unión.

Los gobernadores optaron por independizarse, pero no solo eso, sino formar su propio club (CONAGO). Construían mientras caminaban. Un acto nada fácil. Era el inicio de nuevos tiempos esperanzadores que prometían ubicarle en un lugar exacto en el engranaje del “nuevo” México. Pero ¿Cuál ha sido el saldo al momento? Números rojos. Los Ejecutivos estatales aún no identifican cual debe ser su rol en la construcción del país y algunos malinterpretaron el reparto del poder. Lo único cierto es lo siguiente; han pasado de una actitud de “Si, señor Presidente” a un “Sí, señor yo” secundado por un “Sí, señor partido”.

En estos seis años, de los tres ordenes de gobierno, el Estatal sigue sin dar muestras de cambio. Es ahí donde la distribución del poder se ha estancado para no bajar hasta los ciudadanos, pasando por los Ayuntamientos. De algún modo o de otro, el gobierno federal evoluciona y es sometido a nuevos lineamientos democráticos y de escrutinio popular e institucional, esto ayudado por un Congreso federal plural (aunque todavía poco efectivo).  A nivel municipal, y dado su numerosidad, el horizonte es de claroscuros pero avanza.

En cambio los gobernadores han hecho de la justificación, el debate mediático, la retórica y el falso localismo, los elementos centrales de sus discursos y actuaciones. Rehuyen facultades y obligaciones recién otorgadas, implementan políticas de relumbrón y/o cortoplacistas y viajan a reuniones de CONAGO solo para medir niveles de egolatría. Nulifican cualquier posible liderazgo que puedan mostrar ante el Congreso federal y en cambio imponen a los Congresos locales las reglas que les permiten seguir operando como un régimen semi-autoritario (como si fueran a gobernar por siempre). Su visión no les da para entender que las reformas estructurales nacionales tienen una interrelación estrecha con las reformas que a nivel estatal deben hacerse. Sin unas no funcionan las otras y viceversa.

Los gobernadores extienden la mano derecha para pedir y recibir y con la izquierda le zumban a un sistema federal (con rostro de Presidente) cuando saben perfectamente que éste no da para más. Su estrategia de criticar y culpar al presidente por el federalismo es una acción inútil porque éste poco puede hacer para cambiar la situación. Hacerlo es una actitud comodina, es utilizar la puerta de la critica falsa para destruir y no construir.

Hoy en día no existe un gobernador que apunte a ser una figura sobresaliente por sus actos y desempeños. Ese que inspire a ser modelo de los demás. Ciertamente algunos han dado buenos destellos (juicios orales) pero como estrella fugaz tienden a ir perdiendo brillo (o a cuestionárseles) por desaciertos propios, como Enrique Peña Nieto (Estado de México), quien decidió cargar por siempre la pesada cruz llamada Arturo Montiel, o bien recargan la incredulidad de ciudadanos con discursos huecos y propuestas que nunca llegan. Todo esto ha hecho que su contribución a la historia moderna nacional haya sido muy limitada.

Hoy estamos en una nueva etapa política que por momentos nos genera muchas dudas, pero donde se puede actuar para despegar. No se puede tener un país sólido en su estructura federal y débil o viciado en su estructura estatal o municipal o al revés. Es un equilibrio que debe siempre guardarse, protegerse, perseguirse si se aspira a una nación consolidada.

En el siglo XXI ya no compiten solo países sino regiones de países porque lo global requiere a lo local para concretizarse. En este contexto, los gobernadores tienen una gran responsabilidad para mantener cohesionado al país en tiempos complejos y polarizados, para impulsar y desarrollar institucionalmente nuestros estados. Ellos tienen en sus manos el poder para impulsar reformas locales estructurales en el ámbito político, jurídico, educativo, fiscal, judicial y electoral.

Es tiempo de ajustar visiones y acciones para mejorar tendencias. Ahora solo falta ver, quien pondrá el ejemplo.

Glosa: Fue esperanzador leer una declaración del Secretario de Gobierno de Coahuila, Homero Ramos Gloria, en la que anuncia la promoción de una reforma de Estado que vaya más allá del tema electoral y que toque temas “fundamentales”. (El Diario, 060207). La experiencia sugiere que esperemos para ver si la propuesta va en serio, es decir, si hay nueces y no solo ruido, como suele suceder.

lunes, febrero 05, 2007

Partidos locales (2)


Artículo Localeando, El Diario de Coahuila, 5 de febrero 2007

En la columna de la semana pasada hice un breve balance sobre los partidos locales en México. Mencioné que hoy solo existen 14 en 12 estados y como estos (los partidos locales) han jugado un rol crucial en la construcción de democracias (España, Canadá). También cité los enormes retos de organización, éticos e ideológicos de los tres grandes partidos políticos nacionales. Concluí afirmando que el escenario histórico y actual para los partidos locales ha sido muy oscuro en un México que dice ser federal, y lanzaba estas preguntas ¿A qué se debe? ¿Porqué los políticos que abandonan un partido nacional buscan refugio en otro similar cuando en ellos encontrarán casi los mismos vicios? ¿Hay futuro para los partidos locales? ¿Los necesitamos?.

No es sencillo dar respuesta a las preguntas anteriores (menos en un espacio reducido) pero me parece importante tratar de ubicarlas por el momento político que vive el país, resultado de un deficiente proceder de los actores y partidos políticos, de líderes sociales y, porque no, de nosotros como ciudadanos.

De entrada los partidos locales se localizan en un rincón político a donde casi desea acercarse por su limitada vitrina política. Los políticos locales conocidos, algunos jugadores en el escenario nacional y/o en conflicto con su partido nacional, no caben en ella. El aparador es muy pequeño para satisfacerles sus necesidades egocéntricas y sus aspiraciones personales. El mejor ejemplo de este fenómeno socio-político lo representa, por su actualidad, la ex- panista y ahora contendiente a la gubernatura de Yucatán por el Frente Amplio Progresista (PRD, PT, Convergencia), Ana Rosa Payán.

En una entrevista con Grupo Reforma (290107),  la política yucateca clamó por la construcción de una “tercera vía” identificada y comprometida con los ciudadanos yucatecos.  Su afirmación “es complejo conjugar intereses yucatecos e intereses nacionales” revela mucho y tiene un gran fondo político cargados de realidad ¿Cuáles intereses deben prevalecer? ¿Cómo empatarlos para evitar fricciones regionales y nacionales? ¿Porqué escoger un grupo de partidos nacionales, y no local (Partido Alianza por Yucatán) para procesarlos? La respuesta tiende más al interés personal de la candidata (posibilidades reales de triunfo) que a los principios que dice ostentar y promover (yucatanismo).

Payán agregó “nos hemos topado con una serie de situaciones de índole nacional que no nos gustaría que permanecieran sobre intereses locales”. Con esta declaración la pregunta obligada es ¿Porqué candidatearse por el FAP, el cual trae consigo “esas situaciones indeseables”? La yucateca, fiel reflejo de los políticos en su misma situación, contradice sus discursos con sus actos al no existir una congruencia de hechos. Su localismo es superficial.

Luego recalca “Si algo nos ha de distinguir a los yucatecos, es nuestro nacionalismo acendrado, por lo tanto, tengo que tener cuidado en cualquier decisión que tome, porque ésta tendrá que ser necesariamente al servicio de Yucatán”. ¿Qué no es el Partido Alianza por Yucatán la opción más lógica para lograr sus metas? Otra prueba más del falso discurso político de la actualidad. El auténtico arraigo y la demostración puntual (con hechos) del amor por lo local, pregonado por muchos políticos, es prácticamente cero en México.  

En esta misma entrevista participó Dulce María Sauri, otra política renegada de su partido (PRI), e igualmente incapaz de erigir y sumarse a un “proyecto yucateco” (como ella lo definió) donde no existiesen partidos nacionales. Remarco, los políticos tradicionales ven también a los partidos nacionales como el único medio para la salvación o el arropamiento político y personal, cuando estos son parte del problema y no son la única solución.

Además de Yucatán, en este 2007 habrá elecciones en otros 13 estados y en seis de ellos existen partidos locales (Baja California, Durango, Oaxaca, Tlaxcala, Veracruz y, el ya citado, Yucatán), pero ninguno tiene posibilidades reales de ejercer un buen desempeño electoral por sí mismo. Por ello algunos recurrirán a las coaliciones, como lo hizo el Partido Estatal de Baja California (PBC), quien se sumó a la candidatura a gobernador del priísta Jorge Hank Rohn. El acto no es malo, en toda democracia las coaliciones y alianzas son bienvenidas, pero si estas tienen un fin tan ruin como el mero interés de supervivencia política (tan usado por los partidos nacionales y donde los principios son los últimos en considerarse), entonces se cuestiona su razón de existencia porque su utilidad social, por lógica, es o será nula.

Nuestro federalismo esta podrido porque nació viciado, incompleto y nunca hemos sido capaces de ajustarlo. Lo interpretamos como un instrumento de feudalismo local, tal como aconteció en el siglo XIX y XX, y/o lo deformamos para mantener el centralismo actual y una política ramplona. Nunca lo respetamos como es. Muchas son las pruebas y una más es la inexistencia, en los últimos 15 años, de partidos locales en once entidades (33%) del país; Aguascalientes, DF, Guanajuato, Hidalgo, Michoacán, Puebla, Querétaro, Quintana Roo, Sonora, Tabasco y Tamaulipas.

Este es pues, el escenario político mexicano donde deben generarse y desarrollarse los partidos locales. Un escenario donde no encontrarán actores políticos de renombre dispuestos a sumarse a sus filas para realmente empatar el discurso localista con los actos. Por ello deben desarrollar actores políticos venidos de la sociedad civil y no tanto de los partidos políticos nacionales. Igualmente deben asociarse para compartir experiencias (hoy no existe una organización nacional que los agrupe), deben construir agendas nacionales pero con enfoque local-regional, ocupar espacios en los medios y, principalmente, atraer electores con plataformas políticas de vanguardia.

La tarea no es fácil pero no imposible. Su presencia y fortalecimiento es muy necesario para hacer realidad al federalismo y para equilibrar un sistema político monopolizado por partidos nacionales que hoy más que nunca muestran una gigantesca pobreza política, incapaces de atender agendas regionales para dar vida a eso que denominamos país federal.

Glosa: ¿Es posible aspirar a un buen federalismo solo con partidos políticos nacionales, que por su propia naturaleza miran “al centro”? No lo creo.

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